Tras su patrocinio de las JMJ, que tanto miedo daban y que tantas deudas dejaron por pagar a comerciantes y hosteleros de Madrid, me decidí a volver a Spotify en octubre con la suscripción Unlimited. Total por 5 euritos al mes, me libro de los irritantes anuncios. Supongo que lo irritante de esos anuncios es lo que lleva en realidad a que te suscribas, no sé. Además, le he facilitado la contraseña a un amigo. Como rara vez coincidimos en los horarios de uso, pues mejor aprovechado todavía.
Pero me quedo horrorizado cuando llego a la sección Radio y me dispongo a escuchar la emisora dedicada al Emo.
Me interesa mucho el verdadero género Emo, la música que escuchan los miembros de esta tribu. Me caen simpáticos, francamente. No parece haber tenido demasiada difusión en España, pero tengo entendido que en México, por ejemplo, constituyen una tribu urbana bastante numerosa.
Me interesa ver cómo estos grupos, estos hijos mansos de Fugazi, se acercan al hardcore. Suelen resultar unas canciones bastante atractivas, con unas letras que rayan en la sensiblería. O la abrazan de pleno. Pero, en cualquier caso, de una sinceridad encomiable. También me gustan mucho las carátulas de los álbumes. No descarto, incluso, que si este movimiento me hubiera pillado con 16 añitos, me habría atraído de manera irresistible.
Hace unos días llamó una chica a la radio (a mi programa favorito últimamente, Ponte a Prueba) para hablar sobre los Emo y desmentir, o confirmar, los tópicos que sobre ellos corren. Dijo algo que me encantó. Al hablar de los grupos que se consideran del género, insistió mucho en que “seguro que no os suenan de nada”, “no creo que los conozcáis”, etc. ¡Qué chica tan mona!
Volviendo a lo de la emisora de Spotify, observo con horror que mezclan dentro del género a músicos que se inscriben de pleno en él y que ofrecen ese hardcore endulzado (pero nunca edulcorado) y sentimental tan característico, con subproductos nefastos como Miley Cyrus o Justin Bieber. Y no me extrañaría que cualquier día saliera algo de Tokio Hotel. ¡Puaj!
Vale que las fechas de publicación de los discos en Spotify sea un absoluto desastre, pero desvirtuar un género entero mezclando la basura pasajera de la niña Disney o de la pequeña lesbiana del flequillo, con sus auténticos cultivadores ya toca plenamente en la esencia de la música. ¿Será porque tienen en común lo del mencionado flequillo?
No vale la pena contactar con Spotify, son demasiado idiotas. Ofrecen un servicio razonablemente económico, pero sus gestores no tienen ni idea de música, ni les importa.
Un saludo muy cordial y cariñoso a todos los Emo. A los de verdad.








